Con los contratos pactándose en libertad, una administración mediana convive con contratos que ajustan por ICL cada 3 meses, por IPC cada 4, trimestrales en dólares y algún cuatrimestral heredado de la ley vieja. Cada combinación es una oportunidad de error, y cada error es una discusión con un propietario o un inquilino.
Los tres índices que se usan hoy
- —ICL (BCRA): combina inflación y salarios. El más usado en vivienda.
- —IPC (INDEC): inflación pura. Fácil de explicar, ajusta más rápido en picos de precios.
- —Casa Propia: promedia salarios e inflación con tope; quedó de la época anterior y todavía corre en contratos vigentes.
Dónde se cometen los errores
- —Aplicar el índice del mes equivocado (el ajuste se calcula con el índice publicado, que viene con rezago).
- —Olvidar un ajuste y tener que cobrar retroactivo: la peor conversación posible con un inquilino.
- —Avisar tarde: el inquilino tiene derecho a saber el nuevo monto antes de que venza el mes.
La regla de oro es una sola: el ajuste se calcula el día que corresponde, con el índice oficial, y se avisa a las dos partes por escrito antes del vencimiento. Todo lo demás es logística.
Automatizarlo cambia el negocio
Cuando el sistema sabe qué índice usa cada contrato y cada cuánto ajusta, el cálculo deja de ser un riesgo: Llavik trae el índice oficial, calcula el nuevo monto, te avisa 35 días antes y arma la liquidación del propietario con el valor ya actualizado. Vos firmás; las cuentas las hace la máquina.